El dolor de arriesgarse… (Y parte 2…)

La Imágen es una fotografía altamente manipulada del Waraira Repano (El Ávila)
CC Alexis López Abreu

Después de pasar varias imágenes, recuerdos y posibilidades por su mente se levantó y decidió avanzar. Sabía que no habría regreso después de dar el primer paso, que volver probablemente iba a resultarle difícil, imposible o quizás incluso, inconveniente. Pero tenía que tomar una decisión. Contra toda lógica, se aventuró a saltar al camino, disfrutando de la luz mientras podía, pero con la inquietud de saber que al igual que en la autopista, no sería para siempre, así que se repitió a sí mismo que “no había marcha atrás”.
Avanzó con seguridad un buen trecho, ya casi no podía ver la autopista y de pronto una pisada mal calculada lo lanzó rodando por una ladera, hiriéndose seria, aunque no gravemente, las manos, los brazos, una pierna… Y el orgullo. Por supuesto. Quedó tendido boca arriba y, luego de un largo esfuerzo por recuperar el aliento, se sentó de bruces, con sus brazos sobre sus rodillas y lagrimas en sus ojos cerrados a causa del dolor y de la decepción de verse caído, suspiró y abrió los ojos. Sonrió y avanzó de nuevo, renqueando pero con mejor ánimo.
En la distancia, nuevamente, había luz y, a su lado, una bonita vista con lago y árboles le acompañaría durante el trayecto hacia ella. No sabía si sería una segunda oportunidad de volver a la seguridad de la autopista, o la oportunidad de corregir el error de la caída y volver a la aventura del sendero. Pero ahora lo sabía, no importa qué hubiese decidido, o cuán correcta fuese cualquiera de sus decisiones. Había valido la pena llegar hasta allí, las heridas sanarían y saldría, de uno u otro modo, victorioso de su aventura.