El Electrón Perdido de Nikola Tesla

¡No podía ser! ¡Había pasado toda su vida, horas de estudio, de imaginación, de teorías de burlas de los vecinos y miradas extrañas de parte de los colegas! ¡Tantas cosas para llegar hasta acá y ahora nada salía bien! Era inaudito, ¡inaceptable! El joven Nikola Tesla dejó todo y agitando sus brazos en señal de frustración y enojo salió del taller rumbo a la calle, a pensar.

El causante del desastre despertó entonces algo desorientado por los golpes, los sube y los baja y el intenso calor le llevaron al borde y saltó desesperado hacia ese universo rígido y congestionado llamado tierra. Era inmenso, aun en aquel modesto taller, el universo que le rodeaba. Se emocionó al ver el brillo de la luz de la luna por la ventana y salió a investigar. Dio un inmenso salto y algunas láminas de metal dejadas sin cuidado sintieron un emocionante calor, sin poder resistir el impacto de aquel ente que les atravesó durante su salto; estaba ahora en la ventana, mirando a la luna.

Por una ranura escapó a la calle y muy despacio fue abriéndose paso a este nuevo y gigantesco mundo iluminado por estrellas de fuego alimentadas por aceite, que brillaban dentro de aquel extraño material transparente que ya había visto en la ventana. Andaba sin prisa con las manos a sus espaldas, mirando las estrellas, fascinado. Desde que las descubrió detrás del material transparente no dejaba de maravillarse con la belleza de los astros nocturnos, se emocionaba tanto que él mismo comenzaba a brillar de emoción. Se sentía enamorado, ilusionado con tocar una y, de ahí en adelante, pasó varias noches contemplándoles, soñando con ellas y zumbando y brillando de emoción al mirarlas.

Pero  a la tercera noche algo nuevo e inesperado ocurrió…

…mientras miraba como siempre al cielo estrellado, gotas de agua empezaron a caer, sorprendido por aquel descubrimiento intentó descifrar el origen de aquellas gotas y empezó a mirar con rapidez al cielo, tratando de ver de dónde provenían. Cuando por fin logró divisar esa masa grisácea que cubría al cielo y sus amadas estrellas y traía en su lugar la lluvia empezó a luchar por alcanzarla, ahuyentarla. “¡Deja a mis estrellas en paz!” gritó en un salto que dejó un gran brillo detrás de el y en ese preciso instante atravesó, sin querer, una gota de agua.

relampagos

Se sintió entonces cargado de emoción, sentía que todo su ser vibraba en contacto con el líquido que parecía ser un activador de un sorprendente super poder que desconocía, la distancia de su salto fue también más larga como consecuencia de aquel arrebato de energía y de inmediato aprovechó aquel descubrimiento para saltar más y más alto dejando un ligero resplandor como el primero siempre detrás suyo.

Fue así como alcanzó a la nube y con un gran grito, lleno de enojo y emoción volvió a gritar “’¡Déjalas en paz!” Se sujetó con firmeza al borde de la nube, la cual le miraba extrañada del suceso -“pero yo sólo hago mi trabajo…” -“¡Apártate de ellas!” volvió a gritar él, sin hacer caso de las razones de la nube.

Durante el forcejeo, una colega nube se dio cuenta de la situación y se acercó para asistir tratando de aplastar al saboteador contra su compañera. Y hubo un gran destello y un inmenso ruido, un poderoso trueno hizo saltar a la ciudad y él salió disparado hacia abajo, sorprendido pero lleno de emoción, hecho un sorprendente haz de energía que iluminó la noche y encegueció a los amantes furtivos. En su pequeña dimensión nunca se alejó mucho del taller donde empezó su aventura, y ahora siendo un nuevo gigantesco y poderoso ser se precipitó con gran fuerza y orgullo de vuelta a su lugar de origen. Dejó de llover.

“¡LO LOGRÉ! ¡HA RESULTADO! ¡SIIIIIIIIIIIIIIIII!”. El joven Nikola bailaba y festejaba lleno de emoción mientras su nuevo motor de corriente alterna cobraba vida por primera vez. El joven e impetuoso electrón perdido había vuelto y ahora todo encajaba. A partir de entonces el mundo empezó a disfrutar de la energía eléctrica y el ahora viejo electrón pasea por todos los tendidos, viajando desde Australia hasta Canadá, en cada ligero circuito en que puede colarse. A veces, sin embargo, extraña a las estrellas, por lo que se asienta en las ciudades a convencer a algún joven colega aventurero de lo maravilloso que es el mundo afuera. Cuando lo logra y el joven escapa, hay de nuevo batallas entre electrones y nubes, hay otra vez tormentas eléctricas y apagones y mientras tanto, en la oscuridad, el viejo electrón contempla las estrellas.