Preludio de un Estornudo Desesperado

Este es un relato muy valioso que escribí hace algún tiempo y entre tantas mudanzas he ido desplazando y quise revivir. Preludio de un Estornudo Desesperado es un cuento de reflexión ambientalista de mi propia inspiración que espero que disfrutes.

Todo el mundo estaba consternado, terremotos, maremotos, huracanes y tornados, volcanes despertando por doquier… Y la guerra, ese invento imbécil de una insignificante criatura con delirios de grandeza llamada hombre, con el fin de encontrar cualquier excusa para matar el aburrimiento y tratar de demostrar que es aún más grande cada día. Esa pendejada de que pelea por la paz, cuando quien ama la paz nunca llevará otra arma que el corazón y la razón…

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Dejan de producir toneladas de comida y bienes para la vida por gastarse eso que llaman dinero en la construcción de más y más armas; para la paz, claro. Se jactan de haber conquistado a la pobre e indefensa Luna y al aún más pobre y desconcertado Espacio; por el bienestar del mundo, por supuesto. «No entiendo qué bienestar —dijo el espacio confundido más tarde, en una entrevista—, no hay otra cosa en mí que polvo y gases y rocas vivas y nada… Y bueno, sus armas y satélites, que es lo único medianamente bueno (los satélites, mientras funcionan) que han puesto en mi».

Luego, después de derrochar todo ese dinero en todas esas pequeñeces que para ellos son grandezas, en esas pendejadas importantísimas, vienen y promueven «un tuit para combatir el hambre en África», o «un like en Facebook por la paz en Libia» y otras grandísimas hazañas típicas de un ser con un cerebro tan obtuso como el de los virus. Pero todo eso ya es otro tema…

Todo el mundo estaba consternado: Casas que rodaban y volaban, automóviles y tanques de guerra que salían disparados por los aires y caían hechos trizas en algún lugar del océano y nadie entendía por qué. ¿Por qué?

La única que lo sabía despertó esa mañana con cierta angustia. Estaba completamente congestionada; su temperatura mínima estaba demasiado alta y su temperatura máxima estaba demasiado baja, sentía escalofríos por todo su cuerpo y cierta pequeña molesta por su norte. Además tenía un sabor aceitoso y desagradable en su saliva y sus poros estaban secos e irritados. «¿Qué rayos tengo?», pensó. Se despidió de la Luna y saludó al Sol al empezar la nueva jornada, se desperezó —como todo ser de la creación también siente pereza en cada nueva jornada— y se sentó a leer la Osa Mayor, tratando de tranquilizarse.

—Hoy tienes más de esas sombras negras cerca del hemisferio derecho —dijo un asteroide que pasó a saludar.

—Sí, es el Nervio Arábigo, me está echando mucha broma.

—¿Cómo lo soportas?

—Para eso me hicieron.

—Pero es injusto.

—Muy injusto.

Bajó la mirada, el asteroide no pudo continuar conversando, su vida es muy ocupada, siempre viajando de uno a otro sitio y ya empezaba a alejarse. El Creador la miraba de lejos y sacudía la cabeza desconsolado.

—No lo soporto —dijo ella.

—No se qué decirte —contestó Él con una mueca un tanto melancólica. —Te entregué a ellos como un tesoro con toda tu belleza y tus riquezas, única en el mundo conocido, quizás exclusiva, de pronto hasta envidia de los mundos por conocer, pero ellos no hacen más que mirar a otras que podrían ser como tú, mientras te destruyen y se destruyen a sí mismos… Es… desconcertante.

—Espero —gritó, en la distancia, un apenas visible (pero fácilmente audible) planeta con voz nerviosa— que no se enteren de mi existencia.

El Creador —que sí le veía muy bien— le miró.

La Luna se encogió de polos.

El Creador la miró.

La Tierra suspiró.

El Creador sopló algo de esperanza sobre ella.

De pronto sintió ella un dolor punzante en el músculo europeo, era como, como cuando te golpeas la pantorrilla contra el borde de una mesita de café. Era, era horrible, le zumbaba el núcleo por los gritos, las bombas, las quejas, los llantos. Sintió pánico, dolor, angustia, dolor, desesperación y dolor… Y humo y ganas de estornudar… El Creador trató de calmarla para que soportara, pero era tarde; iba… iba a estornudar…